Justo antes de que nos concedieran el Premio a la mejor idea empresarial, cuando comenzaba mi andadura como empresario, tuve la ocasión de toparme con uno de las peores situaciones en las que uno se puede encontrar: cliente=amigo.

En este caso el posible cliente era un íntimo amigo de mis padres que tenía una empresa de iluminación. Sus productos eran una maravilla, ofrecía bombillas que posibilitaban modificar el ángulo de la luz para optimizar el rendimiento de los trabajadores en una fábrica. Algo parecido a lo de la experiencia Hawthorne.

Corría el año 2001 y apenas existía Flash. Javascript estaba en pañales pero me pidió desarrollar un sitio web para su empresa que mostrase, como experiencia interactiva para el usuario, las distintas posibilidades que ofrecían sus “bombillas personalizables”.

Básicamente era un “Quiénes somos”, “Qué hacemos”, “Dónde estamos”, “Contactar” pero con la subpágina adicional de “demostracion-en-tiempo-real-de-lo-que-cada-uno-de-nuestros-productos-ofrece”. Y esa “subpágina” debía mostrar cada posibilidad por cada uno de sus productos. Lo que viene siendo un sistema de base de datos o decenas de páginas estáticas.

El presupuesto fue de unos 6.000 euros. Como estábamos empezando, nuestros precios eran ridículos. Hacer algo así hoy día, con HTML 5, responsive, base de datos… vendría a costar unos 12.000 € como mínimo. Pero, recién presentado el plan de empresa a la Diputación de Sevilla, recién comenzando, con toda la ilusión del mundo, hice un presupuesto de unos 6.000 euros.  ¡Ay, imbécil de mi!

Inmensa fue mi sorpresa cuando recibí la llamada del cliente, amigo íntimo de mis padres, para decirme que aceptaba el proyecto y que me reuniese con él lo antes posible.

Así lo hice y me fui corriendo con mi mejor traje a reunirme con él. Esto fue lo que pasó:

Directamente me dijo “si me lo dejas en 3.000 € te lo acepto”. Ups, vaya, mal empezamos. Traté de conocer miles de detalles para tratar de ajustar el precio pero me fijé en que este tipo usaba, como navegador de Internet, Netscape 1.0. Sí, sí, ese primer navegador que fue el invento de todo lo que actualmente usamos a diario. Netscape, sí, Netscape. Y de pago. Y, claro, ninguno de los posibles ejemplos de diseño, wireframes, diagramas de uso… funcionaba en esa “barca de juncos”.

Y entonces se me abrió el cielo y encontré una solución:
– Voy a volver a diseñar el proyecto para que sea compatible Netscape 1.0. Como estamos empezando y necesitamos un proyecto importante y el tuyo lo es, voy a tratar de asumir el precio máximo de 3.000 € que me exiges,
– Vale -dijo él-

Como seguro que ya intuyes, el proyecto no salió. Hay una cosa de la que puedo presumir desde que empecé en esto en 2001 y es que hago los presupuestos más detallados del mundo pensando en dejárselo todo claro al cliente. El total es lo que cuesta, y establezco el menor importe y tiempo posible, que es, ni más ni menos, lo que cobro por mi trabajo y el de los programadores, más costes fijos.

  1. Rehice el presupuesto ajustándome a lo más básico de requerimientos técnicos: 3.000 euros, que era su límite y aún así perdíamos dinero (pero era “por el bien común”). Se lo envié orgulloso del ajuste.
  2. Me llamó para citarnos… No debo dejar de lado comentar mi inmensa ilusión por mi primer presupuesto aceptado pero…

En la segunda cita me dijo literalmente, “¿por qué no me has ofrecido este precio desde el principio? Si no lo hiciste antes es porque me estás engañando ahora”.

¡Oh, sorpresa! Además hizo algunas menciones a mi madre ya fallecida (que, como diría Michael Ende, deberían ser comentadas en otra ocasión)

Evidentemente no llegamos a un acuerdo.

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Mi primer presupuesto
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Relato acerca del primero presupuesto que presenté, a un amigo íntimo de la familia, para diseñar su sitio web avanzado. Desastroso.
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